Con el patay en nuestras alforjas y bajo una fina lluvia que realmente mojaba, comenzamos a mostrar el pulgar en La Difunta Correa. Después de algunas horas, Fabio, detiene su camión y con la cabeza nos invita a subir.
- Con tal de no viajar solo… Es muy aburrida la ruta- dijo.
Iba hasta Córdoba. Nosotros nos bajábamos en el 38. El cruce con la ruta que va a La Rioja. Fueron
300kilómetros de charla ininterrumpida. Creíamos que la conversación la teníamos que dar nosotros pero los camioneros necesitan oídos ávidos de historias más que historias ajenas. Solo hay que disparar el siguiente tema, hacer silencio y cebar mates.
En el control policial del cruce, la garúa era incesante. Mientras los oficiales de turno recolectaban sus propinas compuestas principalmente de galletas y monedas, nosotros seguíamos con nuestras señas intentando continuar el viaje hacia el norte.
José, Arquitecto con gran conciencia ecológica, nos llevó hasta La Rioja. El viaje se hizo corto de tanto y tan rico debate acerca de política, arte y cultura. Caía la noche y el cielo todo lo seguía mojando. Unos sanguches y ensalada de fruta en la estación y a armar la carpa junto a los camiones. La lluvia no nos hacía las cosas más fáciles, pero sobrevivimos a la primera noche.
Fabio Diego
Vamos pa’ Tucumán (con toda la ropa mojada)
Con malos pero bienintencionados consejos de camioneros, tomamos la ruta provincial que une La Rioja con San Martín. Las horas, lluviosas todavía, pasaban lentas. Había que llegar hasta la garita del colectivo para lograr refugio. Nos levanta una camioneta con dos policías:
-¿Hacia donde se dirigen?
-A Salta
-¿Por qué por acá?
-Unos camioneros nos dijeron que por esta ruta se esquiva una cuesta muy pesada.
-Nada que ver. Bueno. Los vamos a acercar hasta la garita ¿Porque viajan?
-Queremos conocer y documentar proyectos agroecológicos en Latinoamérica.
-¿Y porque a otros países si acá hay de todo?
-…
Después de varias horas en la garita y cuando ya no sabíamos que hacer para no pensar, frena una camioneta:
-Voy hasta acá nomás pero los dejo en el puesto policial.
Ahí estaba el oficial Quinteros. Flaco, alto y de pies grandes nos decía una y otra vez:
-La han escapado feo. Por esta ruta hay poco tráfico. Tienen que viajar siempre por rutas nacionales.
Más allá de todos los malos presagios, tuvimos suerte. Veinte minutos después estábamos cebándole mates a Diego: veterano camionero de gran corazón y sabiduría práctica, nos habló de su oficio y nos aconsejó sobre lo cotidiano de la vida; el matrimonio, los amantes, el sexo, etc. De su boca salieron frases célebres como:
“Una mujer borracha en la cama es lo mismo que un chancho”
Iba hasta Tucumán y solo si hacíamos buena letra nos llevaba hasta ahí. Llegamos a Simoca bien entrada la noche. Paramos en una estación de servicios y Diego nos ofreció la caja de su camión vacío o “el departamento” como el la llamaba para pasar la noche al resguardo del omnipresente temporal. A la mañana siguiente continuábamos viaje hacia San Miguel de Tucumán.
Una pasadita por los Valles Calchaquíes
Carmelo, todavía en San Juan, nos dice que su viaje se demora un poco más. Decidimos entonces conocer Tafí del Valle.
Un viaje de paisajes increíbles pero poco para hacer si uno tiene el presupuesto limitado y en pesos. En Tafí armamos la carpa en un hostel para aprovechar la ducha caliente. Pagamos un poco caro pero hacía falta un alto en el camino.
Al día siguiente estábamos nuevamente en la ruta. Primero nos llevan hasta Amaicha. Nuevamente mal aconsejados, esperamos el próximo pasaje en un lugar de tránsito casi nulo. Finalmente, después de unas cuantas horas, tres italianos que hacían una maratón turística en un auto alquilado, nos dejan en Cafayate. Inmediatamente quedamos prendados. Cafayate enamora.
Existe la posibilidad de mostrar el Festival Penca pero no hay tiempo. Un mail nos confirma que tenemos
que estar en Tarija el lunes. Y todavía queremos pasar por lo de Gala en Salta. Igualmente, nos ofrecen una entrevista en un programa de Folklore en una FM local que Florencia convierte en un programa de chimentos. Además, le contamos a los oyentes de nuestro viaje y nuestros proyectos y lamentablemente nos despedimos prometiendo volver.
Salta, la linda (con la ropa otra vez mojada)
Inmediatamente después estábamos en la ruta. Veinte minutos y nos levanta en su camioneta alguien que seguramente no olvidaremos en mucho tiempo: “el negro Sousa”. De gran corazón pero intratable al volante, nos lleva a Salta en un viaje extremo a través de “La Quebrada de Las Conchas”. A nosotros y a todo el que le hiciera señas.
Sousa Desde la caja
No solo la adrenalina fue nuestra compañera en la caja de aquella camioneta. Una lluvia torrencial que incluía granizo nos empapó durante 80 kilómetros. Pero llegamos a Salta. Como una madre, Gala nos abre las puertas de su casa y nos espera con unos fideos a las finas hierbas que nos hacen olvidar el frío y el cansancio. Después de varios días, volvemos a dormir en colchones. Decidimos quedarnos un día en Salta.


Ha comenzado el viaje que todo lo va a cambiar y el camino ya despliega su magia.